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En su libro “Los líderes comen al final”, Simon Sinek lanza un mensaje: una organización próspera es aquella que tiene un buen líder. Sin embargo, la mayoría de las empresas o programas de educación siguen sin dar la importancia necesaria a la formación del liderazgo. Un buen líder –dice este experto- es aquel que conoce a sus empleados y se preocupa por ellos. Las organizaciones exitosas serán aquellas en las que su personal es escuchado, comprendido y valorado. Para lograr un buen desarrollo gerencial hay tres puntos que son necesarios analizar.

El Circulo de Seguridad

Necesitamos sentir que pertenecemos a algo y estar rodeados de gente interesada por nuestro bienestar, porque así estamos seguros y enfrentamos juntos los peligros externos. Un gran líder será aquel que hace que hasta la persona más junior sienta que pertenece al círculo y se encuentre a salvo.

Lo más importante para conseguir crear ese círculo es la empatía. Trabajar en un entorno en el que los líderes den prioridad al bienestar de los suyos y éstos den todo lo que tienen para proteger y fomentar el bienestar de sus compañeros y de la organización. Cuando se forman estos vínculos, se echa un cimiento firme para el tipo de éxito que no puede comprar ninguna cantidad de dinero o de fama.

Un buen entorno de trabajo contribuye a garantizar que podemos forjar los vínculos de confianza para una cooperación eficaz.

La fortaleza y la resistencia de una compañía no procede de sus productos o servicios, sino de hasta qué punto se cohesionan sus empleados.

Los químicos de la felicidad

Dice Sinek que nuestra motivación viene determinada por los incentivos químicos que llevamos dentro. Debemos crear entornos en los que se liberen las sustancias correctas por los motivos adecuados, y el resultado será un grupo entero de personas que se motiven a sí mismas.

Existen cuatro químicos predominantes: endorfina y dopamina (sustancias egoístas porque no se necesita de nadie para obtenerlas), serotonina y oxitocina (las sustancias altruistas que son las que hacen que el circulo se mantenga fuerte).

Tanto si actúan individualmente o en conjunto, cada vez que nos invade una sensación de felicidad es probable que se deba a que una o más de estas sustancias circulan por nuestras venas. Las analizamos:

Endorfina: diseñada para un solo objetivo que no es otro que enmascarar el dolor físico. El cuerpo la libera a menudo como respuesta al estrés o al miedo y encubre el dolor físico a base de placer.

Dopamina: se trata de un sentimiento agradable que se produce cuando encuentras algo que buscabas o logras algo que te habías propuesto conseguir. Su único propósito es que logremos ejecutar las cosas.

Serotonina: es la sustancia química del liderazgo y responsable de los sentimientos de orgullo y de estatus. Como animales sociales que somos  necesitamos del reconocimiento de los otros.

Oxitocina: proporciona la sensación de amistad, amor o confianza profunda. Es el sentimiento que tenemos cuando hacemos algo positivo por otros o alguien lo hace por nosotros.

Convertirse en un líder duradero

El escritor realiza una comparación entre Jack Welch, director de General Electric (EC) en la década de los 80,  y James Sinegal, cofundador de Costco, la segunda empresa más grande de venta al por menor de Estados Unidos.

Welch fue uno de los pioneros en la creación de empresas que maximizaban el valor para el accionista.  Estableció un sistema de “recompensa y castigo” en el que cada año despedía  al 10 % de los directivos de escalafones inferiores de la empresa, aquellos cuyas divisiones contribuyeran menos al precio accionarial de la compañía, mientras recompensaba a los que formaban el 20% superior dándoles opciones de compra.

En GE lo más importante era ser el número uno. La empresa fue creada para aprovechar al máximo las oportunidades de un momento en el que las cifras tenían más peso que las personas.  No fue creada para durar en el tiempo.

En cambio, James Sinegal dirigió su empresa, desde 1983 hasta 2012, de forma opuesta. Creía en una cultura en la que la prioridad era cuidar de las personas. Sabía que si la compañía trataba a sus empleados como a familiares,  le darían a cambio su confianza y su lealtad.

Rechazó el concepto de que para tener éxito en la venta al por menor las compañías tenían que ofrecer sueldos bajos y reducir al mínimo los beneficios para los trabajadores.

A diferencia de Welch, Sinegal, al cultivar un Círculo de Seguridad firme, edificó su compañía tanto para los malos tiempos como para los buenos. La levantó para que le sobreviviera.

En definitiva, Sinek asegura que la competencia profesional no basta para ser un buen líder; los buenos líderes deben preocuparse por las personas que han sido confiadas a su cargo. Así, el éxito y rendimiento de una compañía estará siempre estrechamente relacionado con la personalidad y los valores de la persona que está en lo alto. De ahí la importancia del liderazgo.

Se necesitan ejecutivos que tengan claras estas premisas y que potencien sus habilidades. El próximo programa de Desarrollo Gerencial 2018 de EDES Business School ofrece la oportunidad de llevarlas a cabo y proyectarse en el crecimiento y desarrollo personal y profesional que todo líder debe tener. 

NOTA: este artículo se ha realizado a base de extractos de libro “Los líderes comen al final” de Simon Sinek.

Topics: liderazgo, Desarrollo Profesional, Desarrollo Gerencial

Marta Miera

Written by Marta Miera